Historia


Crónica de la Corporación de Rehabilitación Social, CORESOL:

Fue un Sueño y Hoy es una Realidad Consolidada


Por Guillermo Zerbi Torres. (*)

Génesis

Con motivo de las ceremonias en homenaje a la Virgen de las Mercedes que se realizaron en Santiago entre 1990 y 1991 en la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes donde servía como párroco Monseñor Julio Dutilh, así como en reuniones posteriores del Consejo Asesor del lugar, tuvimos la oportunidad de escuchar las prédicas del Arzobispo Carlos Oviedo Cavada. Él se refería en forma reiterada a la situación de desamparo de los presos. Tal vez por mi calidad de presidente de ese consejo me sentí motivado a buscar una solución práctica al problema que parecía complicar al prelado.

La tarea no era fácil, aunque paulatinamente fui acercándome a un esquema simple mientras trotaba en el cerro San Cristóbal o en las playas de Reñaca, donde íbamos a menudo con mi mujer a pasar fines de semana en la casa de un dilecto amigo, Juan Smith, que ese año decidió fuese sabático para él.

En forma paulatina fue conformándose en mi mente un programa de rehabilitación, acción que visualizaba como único camino de ayuda real a los presos. A fines del año 1991 estuve en condiciones de plantearlo a las autoridades eclesiásticas. Dado que el Cardenal me conocía, no fue difícil obtener una audiencia donde con desfachatez le dije: señor Cardenal le tengo una solución para sus presos. Cuénteme Guillermo fueron sus palabras. El plan consiste le dije, en selección, formación, capacitación y trabajo. Me miró intensamente a los ojos y dijo: me parece muy bien, hágalo.

Sin darme cuenta de consejero pasé a ejecutor.

Fue tal el entusiasmo del Cardenal con el “proyecto”, que enterado de los avances, estábamos constituyendo la Corporación de Rehabilitación Social, CORESOL, que envió una carta en Marzo del año 1992 al entonces ministro de Justicia de la época, Francisco Cumplido, pidiéndole que escuchara nuestras opiniones para incorporarlas en la redacción del nuevo Reglamento Carcelario.

Primeros Pasos

Sin medir mucho en lo que me estaba metiendo comenté el encargo del Arzobispo a algunos amigos, principalmente agentes pastorales de la parroquia y los invité a ayudarme. Los primeros en aceptar fueron Juan Elías y Guillermo Domínguez, después siguieron los otros. Un amigo abogado me dijo que sería necesario constituir una fundación o una corporación a fin de tener una estructura legal de base que sustentara lo que se iba a emprender. El problema para formar una fundación es que ésta requiere de un capital significativo, lo que no era el caso, así que lo nuestro resultó finalmente una Corporación sin fines de lucro. Pensé en el nombre de la entidad y juntando las sílabas iniciales de cada palabra y un pequeño cambio resultó CORESOL. A continuación le pedí al abogado José Luis Honorato de Carey y Compañía, estudio jurídico que atendía legalmente a NECSA Firestone, empresa donde yo trabajaba, si me podía hacer la escritura sin costo a lo que accedió gustosamente. En el intertanto comencé a buscar otros voluntarios que aceptaran ser socios pues una corporación la forman personas. Acudí primero a algunos amigos que integraban el consejo parroquial o eran catequistas de la parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes. Sus primeras respuestas fueron “estás loco”, dicho en términos coloquiales. Sin embargo poco a poco los fui convenciendo y accedieron a ayudarme a formar un grupo suficiente para crear una Corporación. Después recorrí la lista de mis amigos profesionales y empresarios de la universidad y del colegio. También se incorporaron algunos compañeros de trabajo.

Obtuve sin ninguna dificultad el permiso de los dueños de la empresa para dedicar un poco de mi tiempo a estas labores, las que no podían realizarse en su totalidad en horas “no oficina”. En esa época no se había escuchado el término Responsabilidad Social Empresarial pero comenzó de alguna manera a aplicarse.

Se formó un grupo de 16 personas y una vez redactados los estatutos los firmamos el 5 de mayo de 1992. Entre ellos estaba también Isidro Solís, en esa época Director de Gendarmería, quien aceptó gustoso pero después debió salir pues por ser funcionario público no podía participar en una Corporación que pretendía actuar en el mismo ámbito.

Los estatutos debían ser aprobados por el Ministerio de Justicia para otorgar la personalidad jurídica. Eso fue un parto de los montes. Por ser el objetivo “rehabilitar presidiarios”, algo inédito, todos los funcionarios a los que les llegaba el expediente en tramitación lo guardaban en un cajón a la espera del Santo Advenimiento. El ministro Francisco Cumplido ignoró la carta del Arzobispo y no apoyó la tramitación ni nos invitó para escuchar nuestra opinión. Fue una tarea que duró todo un año hasta que el 29 de marzo de 1993 obtuvimos la personalidad jurídica. Aleluya.

En el intertanto pensando que la USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos, debería ser una institución clave para que sus socios dieran trabajo a los ex presidiarios, comencé a acercarme a ellos. Fue laborioso pero afortunadamente el socio fundador Guillermo Domínguez, siendo cuñado de Rodrigo Ossandón, Presidente de USEC en esa época, me consiguió una reunión. Esta se fijó para una sesión almuerzo en la sede de USEC en la calle Las Urbinas.

Oh sorpresa, era una reunión de coordinación de la “Misión Empresarial” actividad que desarrollaba la USEC en esos días. Nos presentamos cada uno de los asistentes indicando profesión y actividad. Al poco rato el encargado de finanzas de la misión manifiesta su decisión de renunciar por razones de salud. Yo me había presentado como ingeniero civil, gerente de administración y finanzas de Firestone. Todas las miradas convergieron en el suscrito a quien se le preguntó: no podrías asumir el cargo?

En fin, fui pidiendo ayuda y terminé trabajando para la Misión Empresarial de la USEC. En último término fue útil para lo que me depararía el futuro en CORESOL; me enseñó a pedir plata para otros, cosa que no había hecho nunca en mi vida.

Mi participación en la Misión Empresarial facilitó que la USEC se incorporara a la acción de CORESOL con las consecuencias que se verán más adelante.

En esa época Roberto Fantuzzi y el padre Felipe Berríos estaban realizando acciones de rehabilitación mediante el trabajo y formaron un taller en la ex Penitenciaría. Supe de ellos por la prensa y les contacté para explorar alguna posibilidad de aunar esfuerzos. Me invitaron a la inauguración del taller laboral que Fantuzzi habilitó en la ex Penitenciaría, el que estuvo listo en un corto periodo de tiempo para sorpresa del Alcaide del recinto, quien había dado permiso verbal sin pensar que se concretaría.

El ministro de Justicia y el Director de Gendarmería no asistieron por razones “diplomáticas”. El Alcaide no les había informado del proyecto y eso le costó el cargo. Conversé con diferentes personas de Gendarmería en ese evento y poco después recibí un llamado de Isidro Solís, Director Nacional de Gendarmería de Chile, quien me invitó a almorzar para conversar sobre el tema: esto era, la participación de entidades privadas dentro de las cárceles. En conocimiento “del cortocircuito” generado con Fantuzzi y Berríos, le indiqué que sería bueno que ellos también asistieran a lo que accedió y se produjo un “abuenamiento”. Otra persona con quien convergimos en esa época fue Manuel Márquez, dueño de la fábrica de zapatillas Dolphito, quien tenía un programa para dar trabajo a ex presos en su industria tal como ocurría con Fantuzzi.

El primer Directorio oficial de CORESOL fue integrado por Guillermo Domínguez, Juan Elias, Roberto Fantuzzi, Adolfo Gana, Manuel Márquez, Felipe Berríos y Guillermo Zerbi, y su primera sesión fue el 12 de Agosto de 1993 en las oficinas de NECSA-Firestone.

Durante esa época diversas ideas fueron planteadas a objeto de concretar los objetivos buscados, tales como crear una empresa constructora, formar alianzas con otras instituciones, formar talleres laborales, convenios con Gendarmería, entre otras.

Se decidió que la primera actividad sería formar talleres industriales. El Directorio acordó que el lugar más adecuado para el inicio de los talleres fuese el penal de Colina, por ser el más nuevo en la época y contar con infraestructura adecuada para realizar una acción de rehabilitación eficiente.

Comenzó el trámite con Gendarmería para ver cómo podíamos utilizar las instalaciones que existían en Colina. Se trataba de determinar la forma jurídica para usar los bienes.

Durante ese período, Junio de 1993, a instancias de Eugenio Heiremans se realizó una conferencia pública en la SOFOFA buscando crear una alianza entre USEC, La Orden de Malta y CORESOL. Se llamó Programa Fénix. Posteriormente se designó como Gerente a la señora Eliana Trabucco. Su sueldo lo financió inicialmente Manuel Márquez, Dolphito, y CORESOL. La Gerente desarrolló una entusiasta labor, la que desgraciadamente no dio los frutos esperados y las comisiones de trabajo tripartitas que se crearon incluyendo a Gendarmería fueron sólo divagaciones. El programa no produjo resultados por los enfoques diferentes de cómo desarrollar los métodos de trabajo que cada institución impulsaba. La Orden de Malta quería entrar a evangelizar de inmediato con sus pendones medievales y CORESOL planteaba formar, capacitar, generar trabajo y después de eso evangelizar.

Convenio con Gendarmería

Transcurrido un año de tramitación, en agosto de 1994 se firmó en lucida ceremonia el Convenio entre Gendarmería de Chile y CORESOL, instrumento que nos permitió usar instalaciones en el penal de Colina para nuestros cursos y talleres. Asistieron la ministra de Justicia de entonces, Soledad Alvear, el subsecretario de la cartera José Antonio Gómez, el diputado Alberto Espina, el Director de Gendarmería, el Presidente y el Gerente de USEC, así como autoridades y empresarios de Colina.

El convenio fue legalizado y comenzó la acción de capacitación. Contratamos un curso de carpintería con INACAP que nos cobró un dineral pero fue lo primero que tuvimos a mano para comenzar a mostrar acción frente a Gendarmería, repartición que nos empezó a urgir pensando que veníamos con los bolsillos llenos de dinero, impresión muy errada porque era todo lo contrario… teníamos cero peso. En esa época también se dictaron dos cursos de electricidad con el apoyo de la Corporación de Capacitación y Empleo de la SOFOFA, pero con costos más amigables.

Los esfuerzos realizados durante la Misión Empresarial de la USEC dieron fruto en la Asamblea del 24 de abril de 1995, con el ingreso al Directorio de CORESOL de destacados directores de la USEC como Eugenio Heiremans Despouy y Hugo Yaconi Merino. Esta costumbre se mantuvo y en 1999 el primero presentó su renuncia y fue reemplazado por Manuel Valdés Valdés. Dos años más tarde ingresó al directorio Walter Riesco en reemplazo de Hugo Yaconi, manteniendo la conformación de un Directorio prestigiado al servicio de CORESOL.

En octubre de 1994 presentó su renuncia la señora Eliana Trabuco debido a que la empresa Dolphito no pudo continuar financiando su parte de la remuneración. Fue designado el señor Jorge Reynolds, contador auditor ex IBM, quien se avino a recibir la menguada remuneración que CORESOL podía solventar con sus medios.

En Abril de 1995 se produjo la renuncia del gerente Jorge Reynolds, que encontró un trabajo mejor remunerado, y fue designado en su reemplazo el ingeniero civil industrial Eugenio Zerbi Castro decisión unánime del Directorio sin el voto del suscrito. En esta época mi empleador me trasladó a Coquimbo para hacerme cargo de la fábrica de neumáticos. Los avances de esa época se obtuvieron gracias al esfuerzo conjunto del director Tesorero Guillermo Domínguez y del gerente recién nombrado. Mi apoyo era a la distancia y con visitas para las sesiones de Directorio. En agosto de 1995 había ingresado al Directorio Gustavo Rivera en representación de SOFOFA, reemplazando a Felipe Berríos cuyas múltiples actividades no le permitían asumir en plenitud sus responsabilidades de director. Esta incorporación facilitó en gran medida nuestro trabajo. El gerente de Coresol disponía en esa época de un pequeño espacio en las oficinas de la USEC, el que ocupó hasta 1999, cuando nos trasladamos a la sede de SOFOFA.

Plena Actividad

En corto período de tiempo la activa gestión del nuevo gerente llevó a la creación de siete talleres industriales de diversas empresas de zapatillas, muebles y cerrajería dando trabajo a 120 internos. Como dato anecdótico no puedo dejar de mencionar que después de efectuar el primer pago de remuneraciones nuestros trabajadores fueron víctimas de robo con violencia al interior del penal por otros internos. El lunes siguiente tuvimos una huelga de brazos caídos, nadie quería trabajar para después ser golpeados y despojados de su dinero. Esto nos llevó a conseguir de Gendarmería de Chile que nuestros trabajadores estuviesen segregados del resto de la población penal. Esta acción dio lugar a lo que posteriormente se llamó Colina 3.

La principal dificultad experimentada durante esa época fue la permanente presión de Gendarmería en incorporar rigideces laborales, como sueldos mínimos fijos y contratos laborales. Nuestra postura era que fuesen trabajadores independientes con remuneración a trato, lo que hacía viable el proyecto de talleres industriales. Algunos trabajadores recibían montos de tal significación que suponemos despertaban envidias. Siempre nos resistimos a alterar el sistema de pagos directos a los trabajadores.

También sufrimos los embates del entonces Capellán de Gendarmería presbítero Nicolás Vial Saavedra, quien con el apoyo del Alcaide y con loables intenciones nos privó de un galpón que habíamos equipado con grandes esfuerzos.

Finalmente esta diferencia de enfoques, gestión profesional ofrecida por CORESOL o una gestión llena de rigideces burocráticas y arbitrarias, además de opacidad en la adjudicación de los espacios disponibles para trabajar, condujo a nuestro retiro de la actividad laboral en el penal de Colina. Esta situación fue notificada al ministro de Justicia (s) en una inolvidable reunión que se realizó el 28 de mayo de 1998 a la que me acompañó Gustavo Rivera. Pusimos de manifiesto nuestra molestia y decepción frente a las actitudes sufridas a través del mismo Alcaide y poca receptividad del Director Nacional de la institución, quien se encontraba presente en la reunión. Nuestro asesor legal Marcos Sánchez, ad honorem, ex subsecretario de Justicia del Presidente Aylwin me daba de rodillazos bajo la mesa para tranquilizar mi exposición de los hechos y sus potenciales consecuencias.

En agosto de 1998 el Directorio se refuerza con el ingreso de don Pedro Lizana al término de su mandato como Presidente de la SOFOFA. Reemplazó a don Roberto Fantuzzi que presentó su renuncia por incompatibilidad de ser director del OTIC de Asexma y de un OTE, Coresol, simultáneamente.

Durante esos años se desarrollaron muchos y variados cursos de capacitación con recursos obtenidos de donaciones de empresas chilenas como CGE y Transportes Callegari, entre otras. No obstante, debo destacar que el principal aporte monetario vino de una fundación norteamericana, cuya decisión de colaborar se debió a la intervención del padre Renato Poblete. Estos recursos económicos frescos, además de las becas sociales obtenidas a través de la Corporación de Capacitación y Empleo de la SOFOFA, permitieron una activa presencia de CORESOL en el penal de Colina.

En mayo de 1997 CORESOL propuso a Fundación Paz Ciudadana la idea de promover frente a las autoridades el tema de las cárceles concesionadas. En esa oportunidad, la iniciativa fue considerada no recomendable por la gerente Sra. Pía Guzmán.

Proyecto Educativo

Ese mismo mes se inició el estudio para participar en conjunto con la Corporación SOFOFA en la reforma de la educación penitenciaria, respondiendo a una invitación del Ministerio de Justicia. El proyecto consistía en iniciar la formación técnico profesional de los internos.

Inicialmente esa secretaría de Estado nos ofreció hacernos cargo de la escuela municipal existente en la cárcel de Colina, pero diversas razones como “la mochila” de la indemnización a los profesores de la escuela municipal, que ni la municipalidad ni el Ministerio de Justicia querían asumir, no permitió que fructificase ese proyecto.

Posteriormente en septiembre de 1998 el Ministerio de Justicia, mostrando no tener resquemor por las verdades planteadas en la reunión de mayo, nuevamente insistió en el tema educacional, esta vez para el nuevo Complejo Penitenciario de Valparaíso y sin “mochilas” económicas indeseadas. El proyecto comenzó a desarrollarse con el decidido apoyo de la Asociación de Empresarios de Valparaíso (ASIVA), representado por su gerente don Juan Enrique Sánchez y el empresario don Jorge Guarello. El apoyo de ASIVA había sido establecido como condición sine qua non por parte de Ernesto Ayala presidente de Responsabilidad Social de SOFOFA, que ya regía el actuar de CORESOL.

Se obtuvo el financiamiento del Gobierno Regional para la infraestructura que debía levantarse en el penal y de Fundación Andes los recursos para el equipamiento del establecimiento educacional. El entonces Director de CORESOL, don Manuel Valdés, tuvo decisiva participación en la obtención de la ayuda de la fundación. De más está decir que sin este apoyo el proyecto muy difícilmente hubiera visto la luz.

Después de dos años y medio de esfuerzos en superar las trabas burocráticas normales en nuestro país, el colegio abrió sus puertas en abril de 2001 con una matrícula de 150 alumnos. Debo destacar el importante apoyo recibido por algunos funcionarios del Ministerio de Justicia, como don Ángel Saavedra, del Ministerio de Educación, como don Rubén Hidalgo, y de ejecutivos como la Sra. Carmen Payá y don Mauricio Yáñez, y de varios profesores de la Corporación SOFOFA.

Agroindustria

A fines de 1999 el integrante del directorio don Manuel Márquez propone a ese estamento explorar la factibilidad de crear una agroindustria en terrenos de secano, utilizando riego tecnificado para dar trabajo a ex presidiarios y el Directorio acogió con entusiasmo la iniciativa. La oportuna incorporación al directorio de don Renato Casas del Valle en Abril de 2000 en reemplazo de don Manuel Márquez, significó un activo refuerzo por su visión empresarial. Podríamos decir que don Manuel Márquez nos embarcó y se quedó en la playa.

Con la asesoría de técnicos israelíes se define que la mejor opción sería una plantación de olivos para producir aceite extra virgen. Una esforzada búsqueda de terrenos fiscales que dispusieran de agua subterránea concluye con la obtención de una concesión por 50 años de 180 hectáreas, 40 kilómetros al Norte de Vallenar. Después de largas tramitaciones se obtiene la posesión del terreno y los derechos de agua mediante decretos de agosto de 2001. El financiamiento del proyecto se buscó a través de innumerables contactos y presentaciones a fundaciones, corporaciones, empresas nacionales y extranjeras, instituciones internacionales de ayuda, fondos de inversión y el Banco Interamericano de Desarrollo. Lamentablemente estos prolongados esfuerzos fueron infructuosos y después de diversas adecuaciones del proyecto a otros cultivos, cambios de tamaño de superficies donde iniciar las actividades, postergación de fechas de inicio, el Directorio decide dar por terminado el proyecto. La Divina Providencia, por caminos que en ese entonces no entendimos, nos detuvo antes de cometer el error de comenzar una actividad industrial y comercial que nos habría deparado quien sabe que dificultades a cambio de un beneficio menguado para nuestros fines.

Desarrollo Educacional

Considerando los favorables resultados que se obtenían en el colegio de Valparaíso durante 2001, comenzamos la preparación de un nuevo establecimiento, esta vez en la cárcel de Concepción. Se inician las clases en 2002 con una matrícula de 150 alumnos sólo de educación media.

Ese mismo año comienzan los proyectos para los colegios de Arica y Temuco, respondiendo una nueva invitación del Ministerio de Justicia. Teniendo todo dispuesto para el inicio de clases en 2003, el subdirector Técnico de Gendarmería, decide en aras de la “transparencia”, llamar a licitación privada para la operación de estos nuevos liceos técnico profesionales no obstante ya estar asignados a CORESOL.

A la licitación sólo concurrimos nosotros y la adjudicación se efectúa exclusivamente para Arica en Julio de ese año, con lo que se perdió un año escolar para cerca de 400 internos. De Temuco nunca más se supo oficialmente.

Nuevamente la Fundación Andes, haciendo una excepción a sus procedimientos, nos concede una donación que permite complementar el equipamiento de ambos establecimientos, esto es, los de Concepción y Arica.

En el intertanto las clases en la capital del Bio Bio comenzaron utilizando la infraestructura de la escuela municipal inserta en el penal de El Manzano. Faltaba disponer de otras salas y de talleres para las especialidades de electricidad y productos de la madera. El proyecto estaba aprobado por el CORE Regional, pero lamentablemente coincidió con un período eleccionario. La noche antes de la asignación de los recursos para CORESOL “manos negras” reasignaron los fondos a proyectos más rentables electoralmente. Se enfrentó una situación de extrema gravedad. Los alumnos internos que aprobaron el primer nivel o ciclo de enseñanza media no disponían de los talleres donde correspondía impartir las asignaturas técnicas. Solicitamos con éxito planchas a CAP, cemento a Cementos Bio Bio y obtuvimos un crédito sin bienes ni avales del Banco BCI. Nuestro Presidente del Directorio don Manuel Valdés, quien había asumido en mi reemplazo en julio de 2002, era en ese tiempo Director del Banco, lo que sin duda facilitó la operación. Con estos recursos construimos el galpón y salas necesarias. No obstante tener las instalaciones concluidas, el Alcaide del penal en esa época, no otorgaba la autorización para su utilización argumentando imaginarias razones de seguridad. Llegó junio de 2003 y frente a la crítica situación, en conjunto al Director don Pedro Lizana, acudimos al Director Nacional de Gendarmería quien al percatarse del desaguisado que se estaba incubando, autorizó la inmediata utilización de las instalaciones.

Durante el segundo semestre de 2003 construimos en el penal de Arica salas de clases y adecuamos los talleres para iniciar las actividades docentes en 2004.

Las clases en Arica comenzaron finalmente ese año y por primera vez pudimos atender alumnas mujeres.

Debemos destacar la valiosa cooperación del Banco BCI al donar un número importante de computadores que la institución estaba dando de baja pero que todavía podían ser usados. Complementaron adecuadamente los talleres computacionales, agregando equipos a las unidades nuevas que adquirimos con recursos de Fundación Andes y propios.

Cárceles Concesionadas

Doce años después que el entonces ministro don Francisco Cumplido, en reunión obtenida gracias a la intervención del entonces diputado don Alberto Espina, me dijera “no me venga a hablar de cárceles privadas” el peso de la realidad impuso la creación de este tipo de establecimientos. Mucho del dolor que sufren hoy los internos por las condiciones infra humanas de vida en penales tipo “ex Penitenciaría”, además de la situación de casi imposibilidad de implementar programas adecuados de rehabilitación en esos lugares, posiblemente serían diferentes.

En 2005 fuimos invitados por la empresa Siges a través de la destacada abogada y empresaria Sra. Claudia Bobadilla a participar en lo que se llamó sub programa educacional en las cárceles concesionadas. En agosto de ese mismo año nos trasladamos a nuestras oficinas en Avenida Suecia 0119. En 2006 se inauguraron los colegios en los recintos penitenciarios de Iquique y La Serena, mientras que en 2007 le correspondió el turno a los de Valdivia y Puerto Montt.

Hoy administramos diez colegios técnico profesionales entre Arica y Puerto Montt. Los nuevos establecimientos nos han permitido llevar la matrícula a cerca de los 3.000 alumnos en 2017, lo que sumado a los programas de capacitación y nivelación de estudios “Chile Califica” nos permitió que en 2017 atendiésemos sobre 3.700 personas. Esto es 18 veces más que los que pudimos atender en 2001, año en el que iniciamos la etapa docente de nuestro accionar.

Los nuevos recintos penales reúnen condiciones bastantes adecuadas para transformar a los internos en personas buenas, razonables y hábiles, como nuestro Presidente del Directorio, don Manuel Valdés Valdés, define el objetivo de CORESOL. No obstante, se debe desatacar que la operación de las cárceles concesionadas experimenta dificultades originadas principalmente por dos causas. La más duradera se genera por el encuentro de dos culturas, la estatal de Gendarmería con la de la Concesionaria, empresa privada que invadió espacios de administración pública. El adecuado afiatamiento demandará años para obtenerse según las experiencias de otros países.

La otra se genera con el exceso de actividades para los internos que ofreció el Concesionario para ganar la licitación. Sólo con una muy adecuada coordinación por parte de los ejecutivos de esa empresa pueden superarse estos graves problemas de superposición de actividades que perjudican el funcionamiento de los establecimientos educacionales, con el consiguiente deterioro de la actividad docente. Esta dificultad, creemos, podrá ser resuelta en un plazo más breve.

Casa CORESOL (cerrada 2013)

El trabajo con los internos para llevarlos a su plenitud como hombres libre no se termina con la finalización de sus estudios, su práctica profesional y su certificación de competencias laborales. Todo esto lo entregamos al interior de los recintos penales.

Al salir en libertad el interno se encuentra frente a situaciones adversas que debemos tratar de minimizar. Se le debe apoyar, cuando lo requiera, incluso con recursos financieros para su inicio de actividades. Informarlo y guiarlo para acceder a las redes de apoyo social existentes. Ayudarlo a enfrentar el anacrónico sistema de firmas en el Patronato de Reos. En la limpieza de antecedentes, otra rémora del pasado. Se debe trabajar con la familia durante su período de reclusión, focalizando los esfuerzos en mantenerla unida y dar un tratamiento preferente a los hijos para romper el círculo vicioso delictual además de protegerlos de las drogas.

Todo esto y mucho más, que iremos descubriendo con el caminar, como lo hemos hecho hasta ahora, podremos realizarlo basados en las Casas CORESOL. La primera de ellas, Casa CORESOL/ ASIVA (V Región) se encuentra en funcionamiento en calidad de operación piloto desde abril de 2008. Gracias a los esfuerzos de la Asociación de Empresarios de Valparaíso (ASIVA), el Gobierno a través del Ministerio de Bienes Nacionales nos hizo entrega por un período de cinco años renovables de una propiedad en Playa Ancha que reúne las condiciones para desarrollar estos sueños.

Las demás, una por cada colegio, se irán incorporando a medida que la primera de sus frutos y se desarrollen los proyectos a cargo de una gerencia de proyectos sociales que se ha creado para estos fines.

(*) Fundador y actual Director Ejecutivo de CORESOL.